Vértigo y Mareo. Clínica Especialista.

Vértigo y Mareo. Clínica Especialista.
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Enfermedad de Menière. El diagnóstico relacionado con mareo y vértigo más “común” del siglo pasado.

Descrita por primera vez por ahí del año 1861, o sea, poco mas de 100 años antes de que se describiera por completo el vértigo postural paroxístico benigno (causa más común de vértigo), convirtiéndose en ese momento en la primer descripción de una enfermedad lesional del oído interno que contemplaba vértigo dentro de su sintomatología. Sin embargo y desafortunadamente permaneció así por más años de los debidos, por lo que se convirtió también en uno de los diagnósticos más famosos (y dicho sea de paso, más sobre-diagnosticado) de gran parte del siglo pasado.

Por tal motivo, para poder realizar un diagnóstico adecuado es necesario conocer la siguiente información: se caracteriza por crisis de vértigo (con su respectivo vómito y/o nauseas) que duran desde varios minutos hasta horas, acompañándose de zumbido (acúfeno) en alguno de los oídos, disminución de la audición en dicho oído y sensación de oído tapado (plenitud aural). Ahora bien, si esto fuera así de fácil, probablemente no hubiéramos caído en tantos diagnósticos erróneos; pero solo el 30% de los pacientes con ésta patología se comportan tal como lo indica el libro. De tal suerte que una gran cantidad de pacientes se manifiestan mono-sintomáticos, con síntomas puramente cocleares (auditivos) o vestibulares (vértigo), particularmente al inicio de la enfermedad. Sin embargo, también es importante recalcar que una vez que termina una crisis, el vértigo cesa y el zumbido y taponamiento auditivo remiten (al principio), mejorando también la audición, aunque ésta última disminuyendo cada vez más con cada nueva crisis, así como mermándose poco a poco el sensor de movimiento del oído interno (también llamado vestíbulo).

Es por esto que se han descrito criterios para calcular la probabilidad de que un paciente tenga éste diagnóstico, categorizandolo dependiente de su sintomatología en Menière definitivo, Menière probable y Menière posible. Éstos criterios aun deben de ser perfeccionados ya que hay situaciones en los que no son del todo utilizables (como cuando solo ha habido una o muy pocas crisis), así como también hay otras enfermedades que pueden mimetizar al Menière (particularmente la migraña vestibular), lo cual muchas veces conlleva más confusión aún.

Generalmente, al realizar un estudio de audición (audiometría) encontramos una disminución de audición (hipoacusia) fluctuante (mejor audición en algunas audiometrías que en otras), particularmente en los tonos graves, la cual va progresando durante la evolución de la enfermedad, disminuyendo también la función vestibular (percepción de movimiento).

Es más común alrededor de la 4ª y 6ª década de la vida y afecta con un poco más de frecuencia a hombres que a mujeres. En general afecta únicamente un oído, pero el riesgo de que afecte al otro se va incrementando conforme pasa el tiempo padeciendo esta enfermedad, encontrando hasta un 35% cuando han pasado 10 años y 47% después de 20 años. Así mismo la frecuencia de las crisis suele declinar aproximadamente 5 a 10 años después de haber iniciado la enfermedad.

Hay también un tipo de presentación más agresiva aún, que consiste en caídas abruptas sin pérdida del estado de alerta denominadas crisis otolíticas o de Tumarkin que se presentan en aproximadamente 5% de los pacientes con enfermedad de Meniére, y que suelen ser muy peligrosas por lo abrupto de la caída (refiriendo en varias ocasiones la sensación de que les voltearon el mundo repentinamente y por un momento).

A pesar de los ya muchos años de que nos comentaron sobre esta enfermedad, la verdad es que aun en la actualidad sabemos muy pocas cosas sobre ella. Sabemos que involucra un aumento de volumen de líquido dentro del oído interno (endolinfa), lo cual provoca un aumento de presión dentro del mismo lo cual causa una ruptura de una membrana que separa éste líquido de otro líquido muy diferente al primero (perilinfa), causando un “corto circuito”, provocando un importante desajuste en todas las funciones del oído interno (como habíamos comentado antes: el receptor de sonido y el sensor de movimiento).

¿Y por que pasa todo esto? Esa es la parte que honestamente aun no sabemos. Hay muchas teorías que hablan sobre las posibles causas, desde temas de auto-inmunidad, hasta alteraciones en la vascularidad, por lo que aun hace falta mucha información al respecto. Lo que si sabemos es que es fundamental evitar y hacer menos frecuentes las crisis.

En cuanto al tratamiento, se han descrito ya muchos durante todos éstos años, desde restricción de sal en la dieta, diuréticos y un medicamento llamado betahistina, hasta procedimientos y cirugías encaminadas en muchas ocasiones a la destrucción de dicho oído.

En la actualidad de los tratamientos que al parecer han dado mejores resultados es la medicación con betahistina, aunque aun hace falta más información sobre como es que funciona esta terapia y en que medida. Así mismo la aplicación de transtimpánica de esteroides (atravesando con una aguja el tímpano), ha dado buenos resultados espaciando las crisis. Finalmente uno de los tratamientos más efectivos es la aplicación transtimpánica de Gentamicina. La gentamicina es un antibiótico famoso por su capacidad de destruir el óido, particularmente en la región vestibular, por lo que si destruimos esta región terminaran las crisis de vértigo; sin embargo es una técnica que se tiene que seleccionar con mucho cuidado, ya que existe el riesgo de que no solo se elimine el vestíbulo, si no que la cóclea también, y con ésto la función auditiva residual.

En caso de que suceda una crisis, se recomiendan medicamentos destinados a disminuir los síntomas como las nauseas o el vómito, como sería el grupo de los antieméticos (evitan el vómito) o bien los procinéticos (que regulan el movimiento intestinal), cuando éstos están indicados.

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